¿Existe alguna lógica cuando hablamos de arquitectura? Kerez, Fujimoto y la deducción en arquitectura

Supongamos una lista que contiene todos los números primos: P1, P2, P3, … Pn. Existe un Q= (P1 x P2 x … x Pn) + 1. Este nuevo número Q puede ser primo o no.
1-Si es primo, ya tenemos un nuevo primo que no pertenece a la lista original y, por tanto, esa lista no era completa. 2-En el caso de que Q no sea primo, forzosamente tendrá que ser divisible por algún número primo que no puede ser uno de los de la lista, ya que al dividir Q por cualquiera de los primos de la lista siempre obtendremos 1 como resto. Por lo tanto, tiene que existir otro primo Pn+1 .
En cualquiera de los dos casos hemos encontrado un número primo que NO estaba en la lista original. La consecuencia de todo esto es que no podemos tener un conjunto finito de primos que englobe a todos ellos, y de esto se deduce la infinitud del conjunto de los números primos.


Esta demostración matemática pertenece a Euclides de Alejandría. Para muchos es la demostración más bella de la historia. Sí, aunque pueda parecer extraño, “la matemática posee no solo verdad, sino belleza suprema; una belleza fría y austera, pero sublime y pura, y capaz de una perfección severa como solo las mejores artes pueden presentar.” [i].

Una belleza que aparece cuando una demostración matemática utiliza una mínima cantidad de hipótesis adicionales; o cuando es inusualmente breve; o cuando consigue el resultado de forma sorprendente, o bien cuando se basa en una visión nueva y original sobre el problema a resolver.

Quizás la belleza matemática se parece más a la arquitectónica de lo que podríamos pensar. Fijémonos en la siguiente justificación de la House with one wall del arquitecto suizo Christian Kerez:

El encargo de dos casas en un solar estrecho a las afueras de Zurich con vistas al lago. El requerimiento, por parte de los clientes, de una independencia absoluta de una casa respecto a la otra. La necesidad de un elemento que separe las dos casas de forma contundente: un muro. Un muro que divida la propiedad por la mitad. Un muro que configure mediante retranqueos las diferentes estancias de la casa. Un muro que dote de fluidez el espacio. Un muro que aguante toda la construcción. Un muro del que cuelgan en voladizo los forjados. Un muro que contenga los elementos de circulación. Un muro, un solo muro que definirá dos casas.

Se trata de una casa basada en muy pocas hipótesis previas. Explicable de una manera inusualmente breve con la que se logra el resultado de forma sorprendente.  Sin duda, una visión nueva y original del problema de construir dos casas que, como la demostración de Euclides, posee una belleza fría y austera, pero sublime y pura.

De una escueta reflexión sobre la forma estrecha del solar, las vistas al lago y el deseo de privacidad de una casa con respecto a la otra surge la hipótesis que generará el proyecto: “construir un solo muro”. La arquitectura de Kerez es la búsqueda de una regla rectora  que contenga todo el proyecto y permita resolver todos los problemas a los que se enfrenta. Una regla como “construir un solo muro” que define la House with one wall  en todos sus aspectos esenciales: distribución, circulaciones, estructura, espacialidad… El desarrollo de la regla rectora comprende toda la casa del mismo modo que un axioma matemático contiene, implícitamente, cualquier teorema que de él pueda derivarse.

Sou Fujimoto es uno de los arquitectos del momento. Su obra es sorprendente a la par que sencilla, y como Kerez o Euclides, parte de una mínima cantidad de hipótesis.

La anidación telescópica: un caja, dentro de una caja, dentro de una caja, dentro de una caja, dentro de una caja… Un simple dibujo, un diagrama elemental, que expresa toda la fuerza de una idea. ¿Pero puede surgir una casa a partir del concepto de  anidación telescópica? La Casa N de Fujimoto, en Tokio, demuestra que sí. Una caja dentro de una caja dentro de una caja. Tal cual, el diagrama se convierte en edificio.

Como Kerez, que basaba su regla de partida en muy pocas consideraciones previas, Fujimoto obtiene su diagrama a partir de una escueta reflexión sobre una de las diferencias entre las casas de su pueblo natal Hokkaido y las de Tokio: mientras en el pueblo las casas presentan una distinción clara entre interior y exterior, en Tokio, en cambio, por distintos motivos, la distinción es más gradual. ¿Cómo proyectar una casa que recoja esta idea? ¿Cómo diseñar una vivienda que se convierta en ciudad gradualmente? El diagrama de anidación telescópica, con sus sucesivas capas de exterioridad, nos da la respuesta. Todo el proyecto se concentra en un sencillo dibujo: la distribución de las habitaciones, la relación con el exterior, la espacialidad… se explican desde la anidación telescópica.

Así pues,  tanto Fujimoto como Kerez plantean que el proyecto se deduzca a partir de lo que denominaré “concepto básico” (el diagrama en el caso del japonés y la regla rectora en el del suizo). El concepto básico expresa una idea formal más o menos vaga: una forma primigenia. De hecho, la diferencia principal entre ambos arquitectos es precisamente la configuración que toma esta forma primigenia: en Kerez es un modo de componer elementos constructivos, para Fujimoto es una figura geométrica elemental.

El concepto básico no determina completamente el proyecto sino que abre un terreno donde existen distintas opciones. La House with one wall es una de las posibles respuestas a la pregunta ¿qué puede hacer un solo muro? Solamente la introducción de conceptos secundarios como la fluidez espacial (que enfatiza la visualización del muro interior) o la relación visualmente directa entre interior y exterior permiten que el concepto “construir un solo muro” acabe generando una casa. Del mismo modo, la Casa N es una exploración de las posibilidades inherentes al diagrama de anidación telescópica que se convierte en realidad al incorporar conceptos secundarios como la concatenación de visuales a través de ventanas (que refuerza la idea de estar dentro de sucesivas capas), la idea de jardín urbano o la consideración del salón comedor como parte central de la vivienda.

Por lo tanto, será mediante la introducción de otros conceptos secundarios que la forma primigenia establecida por el concepto básico irá desarrollándose hasta generar una forma arquitectónica definida. Ahora bien, el concepto básico impone restricciones: no cualquier concepto secundario es aceptado. Por ejemplo, la anidación telescópica no puede ser combinada con una desmaterialización de los paramentos (con paredes que fueran enteramente de vidrio) puesto que se destruiría la idea básica de tener una caja dentro de una caja dentro de una caja. “Construir un solo muro” es contradictorio con diseñar una estructura de pilares. Es decir, el concepto básico abre un campo donde solamente son aceptados conceptos secundarios coherentes con la forma primigenia de partida (que ayuden a expresarla de un modo más evidente) o, al menos, conceptos que no la contradigan.

Hay que remarcar que se trata de un proceso en el que a partir de una hipótesis inicial (concepto básico) se suceden distintos pasos, regidos por una cierta coherencia, que nos llevan al resultado final. Estamos ante la estructura propia de un razonamiento deductivo: desde un principio estable se desarrolla una cadena de consecuencias.

Una de las características de la aplicación en arquitectura de un modelo deductivo de argumentación es la fuerte unidad de los elementos formales que configuran el proyecto : al exigir que los conceptos que generan formas sean coherentes unos con otros, el resultado es un objeto sin yuxtaposición de formas contradictorias, un edificio que parece estar formado por elementos inseparables, una propuesta donde las decisiones están relacionadas de tal modo que se evita la improvisación de soluciones parciales para los distintos problemas que van surgiendo.

La pretensión de crear proyectos unitarios producto de argumentaciones rigurosas y coherentes no es nueva en la historia de la arquitectura. De un modo u otro, toda explicación requiere de algunos momentos en los que se aplica la deducción. El razonamiento deductivo está presente parcialmente en la explicación de muchas obras, tanto de arquitectura moderna como de períodos anteriores. Los cinco puntos para una nueva arquitectura de Le Corbusier son un buen ejemplo de ello.



Pero el caso de Kerez y Fujimoto es un poco diferente. No se trata solamente de que la deducción aparezca en algún momento dentro de la argumentación, sino que se pretende que la propuesta arquitectónica pueda ser explicada completamente en términos deductivos, es decir, que se pueda justificar todo el proyecto exclusivamente con el razonamiento que nos lleva desde la forma primigenia hasta la forma final.

Es una arquitectura marcadamente reductiva, que excluye cualquier reflexión que no esté contenida en el concepto de partida. Esto implica que se rechaza la posibilidad de una teoría general que influya en el desarrollo del proyecto. Kerez es especialmente radical en este punto: no acepta doctrinas a priori y aboga por establecer nuevos puntos de partida para cada obra. También repudia los convencionalismos éticos y desprecia los valores compartidos al considerarlos sinónimo de mediocridad[ii]. Tampoco Fujimoto acepta programas arquitectónicos universales. Y, aunque ha desarrollado una suerte de marco conceptual (explicitado en una serie de puntos de muy recomendable lectura) del que se sirve cuando le conviene, rehúye explícitamente aceptarlo como una teoría general sobre su arquitectura[iii].

Este desprecio hacia las teorías y los convencionalismos aparta la propuesta de Kerez y Fujimoto del discurso típico de la arquitectura moderna. Des de un principio, la modernidad  arquitectónica se relacionó con una teoría general, más o menos explícita, que defendía unas formas acordes a los nuevos materiales aparecidos, que apoyaba una formalidad abstracta alejada de lo decorativo, o que perseguía un ideal funcionalista que acercaba la arquitectura a la realidad social. Una teoría general que proporcionaba un repertorio de formas, soluciones estructurales y constructivas, que eran utilizadas de un modo transversal en todos los proyectos, más allá de los conceptos propios de cada uno de los edificios.

Por el contrario, Fujimoto y Kerez creen que la aceptación de convencionalismos generalistas llena el proyecto de ambigüedad y amenaza su consistencia interna. Para ellos, lo único que hay es el proyecto concreto y su correlativo concepto básico para resolverlo, es decir, el planteamiento de una forma primigenia surgida de escuetas reflexiones puramente arquitectónicas. Nada de debates sociales o contextuales que pudieran perturbar la unidad interna.

Ésta forma deductivo-reductiva de enfrentar el proceso proyectual está muy presente en la pedagogía actual de la arquitectura. Muchos profesores defienden que los buenos proyectos se explican mediante una palabra, una frase o un diagrama: “Mi proyecto es una roca agujereada”, “mi proyecto es una topografía irregular”, “mi proyecto se genera a partir del amontonamiento de cubos”, etc.

También entre los profesionales, la deducción a partir de conceptos básicos está en boga. La casa Moebius del holandés Ben van Berkel, que explora las posibilidades de la cinta de Moebius como base para generar una vivienda, es un buen antecedente del tipo de investigación que defiende Fujimoto. La casa Hemeroscopium de Antón García Abril, que trata de definir un espacio sin encerrarlo mediante el amontonamiento en espiral de elementos estructurales, sigue una lógica proyectual muy parecida a la de Kerez. Los barceloneses Barozzi Veiga, con su búsqueda de lo esencial concretada en la pretensión de definir un proyecto mediante pocos movimientos también apuestan, a su manera, por esta línea deductivo-reductiva.

Aunque hay que advertir frente a los posibles peligros que entraña esta forma de concebir la arquitectura. Al restringir al máximo las hipótesis de partida, la arquitectura corre el riesgo de ser incapaz de responder a la compleja realidad que la rodea. Paradójicamente, la búsqueda de la coherencia interna puede comportar un discurso excesivamente ensimismado, incapaz de tejer puentes con otros saberes, sin un relato para el conjunto de la sociedad, y por lo tanto peligrosamente cercano a la arbitrariedad formal.

Pero, ¿necesariamente el método deductivo-reductivo conduce  a la arbitrariedad formal? ¿Existen formas de generar discursos coherentes alternativas a la deductiva? ¿Puede la arquitectura albergar la complejidad del mundo que la rodea? ¿Qué quiere decir exactamente que un concepto es coherente con otro? ¿Y qué es contradictorio? ¿Tiene sentido reducir la arquitectura a una cuestión deductiva? ¿Qué ocurre con la espontaneidad creativa? ¿Qué ocurre con todas las decisiones relativas a la sensibilidad que no parecen tener una explicación conceptual? Y más en general: ¿Existe realmente alguna lógica cuando hablamos de arquitectura?


[i] Frase atribuida al matemático y filósofo Bertrand Russell

[ii] Ver la entrevista a Cristian Kerez en El Croquis núm. 145

[iii] Ver la entrevista a Sou Fujimoto en El Croquis núm. 151

3 Comments

  1. Interesante tu reflexión … Dos comentarios que intentan sugerir una respuesta a tus preguntas finales.
    1.- Pero, ¿necesariamente el método deductivo-reductivo conduce a la arbitrariedad formal? No existirá arbitrariedad formal si las respuestas formales derivan de reflexiones estrictamente arquitectónicas. Por ejemplo, en el caso de Christian Kerez – tanto en las 2 casas como en proyectos como el de Holcim – la reducción formal ( más no reduccionista ) deriva de una reflexión que parte de la idea de ordenar en un mismo elemento las circulaciones y la estructura. De ahí que el muro y las escaleras se relacionan definitivamente en una especie de espina dorsal que deambula por el eje de los forjados. Osea, que es una decisión formal, espacial y estructural simultáneamente … Y parte de razonamientos estrictamente arquitectónicos . Si las decisiones derivan de razonamientos puramente geométricos , entonces se corre el riesgo de que el proyecto se vuelva al servicio de la geometría y no la geometría misma al servicio del proyecto.

  2. 2.- ¿Existe realmente alguna lógica cuando hablamos de arquitectura? No existen respuestas únicas en arquitectura; o dicho de otra manera, hay varias formas de resolver un mismo problema. Su pertinencia dependerá del grado de compromiso que cada proyecto manifieste en torno a los diferentes temas: programa, relación con el entorno urbano, eficiencia energética , solvencia constructiva , etc … Me gusta pensar que los buenos proyectos se desarrollan en 2 escalas diferentes: una que tiene que ver
    con el oficio que resuelve problemas de tipo general (lo que es bueno para todos) y otra que habla de lo particular: de lo personal y específico … En esta segunda, la impronta del autor se hace presente. Cuando una obra pretende hacerse a partir de una mera sensibilidad personal, su posibilidad de manifestarse como un saber – arquitectónico – se reduce . La casa de Fujimoto hecha mano de una formalidad similar a la de las matryoshkas rusas – conscientemente o no – y modifica esa idea primigenia para acercarla a la utilidad Arquitectonica . Parte pues de un saber general que desarrolla hasta conseguir una especificidad filtrada por su propia sensibilidad.

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