El rascacielos de hielo

La actual sede del Bank of America en Nueva York se alza en la Sexta Avenida, en una esquina del Bryant Park, emplazamiento de la histórica Biblioteca pública de Nueva York y lugar de ocio de miles de neoyorquinos. Con una altura de 366 m, es el segundo edificio más alto de NY, tras el Empire State, y el cuarto de EEUU. El proyecto incorpora innovadoras tecnologías que reducen drásticamente el consumo energético y de agua potable, mediante sistemas de cogeneración energética y de almacenamiento en pilas de hielo. Fue el primer rascacielos en conseguir la calificación LEED Platinum y en 2010 recibió el Best Tall Building Americas Award.




Forma y estructura

En la forma del Bank of America se aprecia la intención de dar una respuesta biomimética a la aglomeración de rascacielos del centro de Manhattan. Como dice el arquitecto Richard Cook: “dentro de esta piel clara de vidrio hay algo de naturaleza orgánica, algo que, no solo refleja la energía cinética de las calles de debajo, sino también la estructura dinámica y cristalina de las formas que se encuentran en la naturaleza”. El rascacielos, entendido como un mineral que se alza hacia el cielo por la presión de su entorno y que se cristaliza al contacto con el frío aire neoyorquino, crea una superficie facetada rica en reflejos y transparencias.

El diseño de este rascacielos es una respuesta fresca e innovadora al entorno construido del Midtown Manhattan, basada en conceptos como la “biofilia” y la “biomímesis”, que defienden el uso de formas y principios de la naturaleza como fundamento para lograr un diseño más sostenible y conectado con el entorno. “En la intersección de la arquitectura y la sostenibilidad —según reza el lema de su despacho—, la sabiduría de la naturaleza guía el diseño y la construcción”.

La forma facetada del edificio genera más superficies orientadas a sur, que producen una mayor captación solar y una relación más directa con la naturaleza del adyacente Bryant Park.

La estructura del edificio combina un núcleo central de hormigón con una estructura portante de acero que sostiene unos forjados colaborantes. La construcción del edificio se realizó, desde la primera gota de hormigón, con un sistema autotrepante. Las principales ventajas de este sistema son la reducción de los tiempos de ejecución, al evitar la acumulación de tareas simultáneas de diferentes gremios, y la posibilidad de usar los mecanismos de elevación y sus plataformas antes de construir los encofrados y hasta que los ascensores estén operativos, con lo que se consigue un aumento considerable de la productividad.

El hormigón empleado en la construcción fue un hormigón de altas prestaciones con adiciones de escorias de Altos Hornos, hecho que disminuyó el impacto medioambiental de la obra al reducir el porcentaje de cemento necesitado para la mezcla hasta prácticamente la mitad (1 tm de cemento producido emite 1 tm de CO2) y al reutilizar los desechos de los Altos Hornos.

Cerramientos

El diseño facetado de este rascacielos de vidrio, acero y aluminio genera una escultural envolvente cristalina con aristas muy marcadas y unas líneas verticales que recorren toda su altura marcando un orden preciso. Debido a consideraciones tanto energéticas como de calidad interior del espacio, se ha optado por un cerramiento exterior de doble piel, dotado de un muro cortina exterior y de ventanas interiores de suelo a techo con vidrios traslúcidos aislantes, que incorporan un sistema automático de filtración de la radiación solar. El resultado es una envolvente capaz de captar y contener el calor en invierno y de protegerse de él en verano, para maximizar, al mismo tiempo, la iluminación natural de los interiores y las vistas. La disminución de las pérdidas térmicas y el aumento de la transparencia, junto con el uso extensivo de luminarias con tecnología LED, conllevarán un ahorro energético importante en calefacción e iluminación.

Aguas

El edificio One Bryant Park ahorrará millones de litros de agua cada año mediante un complejo sistema de aguas grises, que recogerá las aguas pluviales y residuales y las reutilizará para la evacuación de todos los urinarios del edificio. Además, las cubiertas ajardinadas serán depósitos de agua que contribuirán a reducir tanto las ganancias térmicas de la cubierta como el efecto “isla de calor urbano” (UHI en inglés, Urban Heat Island).

Ventilación

Otra innovación de este edificio es el sistema de ventilación, dotado de sensores que optimizan la ventilación en función de los niveles de CO2. Además, la distribución del aire acondicionado se realiza por una cavidad bajo el pavimento, de manera que cada persona puede controlar la temperatura de su espacio de trabajo y mejorar la ventilación cuando lo desee. En caso de reformas o redistribuciones, los cambios pueden efectuarse con menos costes y residuos. Otro aspecto relevante es el sistema de filtrado del aire que, no solo filtra el aire que entra en el edificio, sino que también el que es expulsado a la calle, hecho que convierte el rascacielos One Bryant Park en un gigantesco filtro purificador del aire para la ciudad de Nueva York.

Energía distribuida

Sin embargo, el aspecto más innovador de este proyecto es sin duda la construcción in situ de una planta de trigeneración de 4,6 MW, puesto que es el primer rascacielos de oficinas que usa esta tecnología a tan gran escala. La trigeneración consiste en la producción simultánea de tres tipos de energía a partir de una única fuente (normalmente, gas natural). La planta de cogeneración (CHP en inglés, Combined Heat and Power) es mucho más eficiente que la central térmica común, porque aprovecha el calor que se disipa en el proceso (el combustible se aprovecha en un 20-40 % y el resto de energía se disipa) para generar nueva energía térmica aprovechable (vapor). Si esta energía térmica extra, en períodos de poca demanda calorífica como en verano, se aprovecha para generar frío (mediante un refrigerador de absorción), entonces se conoce al sistema como trigeneración.

La energía producida por la planta trigeneradora de este rascacielos satisfará aproximadamente un 30 % de la demanda energética en horas punta y suplirá casi un 70 % de las necesidades energéticas anuales de todo el edificio. Además, para reducir aún más la demanda de electricidad de la red en horas punta, se utilizará un sistema de almacenamiento de energía térmica durante el horario nocturno, cuando se producen los mayores excesos de energía térmica de la planta, la electricidad es más barata y la red está menos saturada. El sistema elegido es el de las pilas de hielo (Icebanks® de Calmac, la mayor productora de sistemas de almacenamiento térmico del mundo), que almacenan la energía térmica en forma de hielo por la noche y la liberan en horario de máxima demanda durante el día, refrigerando el aire de ventilación. El aislamiento acústico de una planta de cogeneración en el interior de un rascacielos, así como el trazado de las instalaciones de gas a través de una estructura tan densamente ocupada, supuso un gran reto para los especialistas del proyecto. Además, hubo dificultades burocráticas y legales para instalar la planta CHP de 4,6 MW en el centro de Manhattan. No obstante, la administración de Nueva York está trabajando para allanar las barreras legales y burocráticas y alcanzar el objetivo propuesto de tener instalados 800 MW de energía distribuida limpia en 2030.

Conclusiones
Este proyecto es una muestra del elevado nivel de integración al que han llegado la arquitectura y la tecnología, que hacen cada vez más difícil la distinción entre edificio y máquina. Los tiempos nos dirigen hacia una arquitectura tecnológica y estéticamente muy exigente, en la que la integración de todos los aparatos y mecanismos técnicos, necesarios para el funcionamiento, el confort y la sostenibilidad de un edificio, adquieren un papel primordial en el diseño arquitectónico. Dado que el nivel de exigencia de nuestra sociedad ha aumentado considerablemente, los arquitectos deben lidiar con aspectos cada vez más tecnológicos, y hacer de la arquitectura una disciplina cada vez más científica. El organicismo propugnado por Wright sigue vigente en esta concepción integral de la arquitectura, en la que todos los elementos del edificio realizan funciones conjuntas, orgánicas. Si bien es cierto que todavía queda mucho por hacer, podemos afirmar que el camino a seguir está marcado. Ahora solo es cuestión de trabajo, voluntad y, por supuesto, talento.

Conclusiones

Este proyecto es una muestra del elevado nivel de integración al que han llegado la arquitectura y la tecnología, que hacen cada vez más difícil la distinción entre edificio y máquina. Los tiempos nos dirigen hacia una arquitectura tecnológica y estéticamente muy exigente, en la que la integración de todos los aparatos y mecanismos técnicos, necesarios para el funcionamiento, el confort y la sostenibilidad de un edificio, adquieren un papel primordial en el diseño arquitectónico. Dado que el nivel de exigencia de nuestra sociedad ha aumentado considerablemente, los arquitectos deben lidiar con aspectos cada vez más tecnológicos, y hacer de la arquitectura una disciplina cada vez más científica. El organicismo propugnado por Wright sigue vigente en esta concepción integral de la arquitectura, en la que todos los elementos del edificio realizan funciones conjuntas, orgánicas. Si bien es cierto que todavía queda mucho por hacer, podemos afirmar que el camino a seguir está marcado. Ahora solo es cuestión de trabajo, voluntad y, por supuesto, talento.


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