Arte es basura

Recientemente, no importa cuando, ha habido una exposición muy interesante en la calle del Planeta en el barrio de Gracia. Su título, “Arte es basura”, corresponde a lo que se ve, no requiere explicación. No se repartieron invitaciones ni hubo vernissage; sus autores, anónimos. Podría ser de un solo autor, pero es poco probable, el dibujo es de una sola mano, no así el montaje. Aunque  no estuviera destinado a permanecer, tomé unas fotos. Supongo que no lo verían más de una docena de transeúntes, de los cuales lo debieron mirar la mitad, no cuento entre ellos el servicio de BCN Néta, son asalariados que se limitan a hacer lo que les ordenan sin más, incluso colaboran con la policía para desalojar espacios públicos con sus mangueras y a nadie se le ocurre considerarlos como fuerzas represivas, ni a ellos ni a las mangueras. La palabra arte tiene un significado confuso, porque originariamente se consideraba como arte un conjunto de reglas para ejercer un oficio artístico, y la interpretación actual entre personas cultas identifica arte y cultura, si nos atenemos a su finalidad, que es la gratificación de la cualidad de la mente que obtiene un placer no condicionado por los instintos de supervivencia del individuo ni de la especie. Música, literatura o artes plásticas responden a este concepto. Los bienes culturales son gratuitos, no hay manera de ponerles precio, aunque requieren medios que proceden de la actividad productiva y de la mercantil. El único placer del que se ocupa la economía es el hecho de refocilarse. Muy distinto es el concepto mercantil y popular de arte, que no se entiende como un producto del trabajo humano, sino como la obra de alguien que está poseído por un poder llamado genialidad, que le induce a realizar unos objetos de una naturaleza espiritual infinitamente valiosa que no podemos comprender. A ser posible es mejor que el artista tenga alguna tara física o mental. Quienes deciden que un artista está poseído de la genialidad son unos palurdos que también son unos verdaderos artistas a la hora de contar dinero. Imagino que los autores de la obra de la calle del Planeta no han entrado en la órbita de ningún marchante que les dé una parte de la riqueza monetaria que producen, y como les gusta su trabajo se divierten pintando basura.



El resultado es interesante, se advierte que tienen habilidad para el dibujo, que está en la línea refinadamente soez del comic underground. Al distribuir los objetos entre diversas piezas de basura consiguen transmitir a unos dibujos destinados a un plano una profundidad que no consiguió la perspectiva lineal del Renacimiento, porque, cuando el observador se mueve, advierte los efectos del paralaje e incluso da la impresión de que las figuras tienen movimiento propio.  Se dirá que este efecto se produce porque verdaderamente el conjunto es tridimensional. Pues claro que sí, precisamente es lo necesario para obtener la sensación de tridimensionalidad, tres dimensiones. El conjunto tiene cierto vigor, y no es tan cursi como esos cuadritos de Tamara de Lempicka, o como ese Picasso de la época rosa que hay en Washington y que se llama Los amantes. El arte de la calle del Planeta es basura, el de mercado da asco.

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