El diseño urbano

De la participación de J.-Ll. Sert, decano de la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard, en la Primera Conferencia sobre Diseño Urbano, celebrada en aquella universidad el 9 y 10 de abril de 1956. Publicado originalmente en Progressive Architecture, agosto 1956, pp. 97 y ss.



Nuestras ciudades americanas, después de un periodo de rápido crecimiento y expansión suburbana, han alcanzado la madurez y han adquirido responsabilidades que las ciudades en auge del pasado nunca conocieron. Mientras tanto, la planificación urbana se ha desarrollado como una nueva ciencia; los urbanistas de hoy se preocupan por la estructura de la ciudad, por sus procesos de crecimiento y de decadencia, y por el estudio de todos los factores —geográficos, sociales, políticos y económicos— que han dado forma a la ciudad.

Conocemos ahora más acerca de los problemas de nuestras ciudades de lo que nunca supimos, gracias a los métodos de investigación y análisis que se han adoptado en este campo. De hecho, últimamente, el componente científico ha prevalecido sobre el artístico. Esto puede ser debido a una reacción natural contra las prácticas del pasado, cuando el diseño de las ciudades se basaba en el enfoque superficial del movimiento “city beautiful”, que ignoraba la raíz de los problemas y pretendía solo efectos visuales. El diseño urbano es esa parte de la planificación de la ciudad que se ocupa de la forma física de esta. Es el momento más creativo de la planificación urbana y aquel en el que la imaginación y la creatividad artística pueden jugar un papel más importante. También puede que sea en algunos aspectos la parte más dificultosa y controvertida y, por todo ello, ha sido menos estudiada que otras facetas de la cuestión.

Las fórmulas usadas hasta ahora han de abandonarse ante el nuevo enfoque de la arquitectura, el paisaje urbano, la ingeniería viaria y la planificación urbana. Es lógico que los cambios en cada una de estas disciplinas se hayan desarrollado independientemente y que cada una de ellas haya intentado establecer un nuevo código de principios y un nuevo lenguaje formal. Por ello, parece ahora igualmente lógico que se reúna el progreso alcanzado en cada una de estas disciplinas, de modo que pueda lograrse una integración bajo la forma del diseño urbano. Estoy convencido de que ahora, después de muchos años de trabajo aislado e independiente, estamos llegando a una etapa de síntesis.

Como los instrumentos en una orquesta, cada uno de estos elementos del diseño urbano tiene su parte que jugar en el resultado final. Este tiene que ser armonioso y no se puede conseguir con la competencia entre disciplinas. Creo que somos conscientes de que urbanistas, paisajistas y arquitectos solo pueden ser una parte del más amplio equipo de especialistas que se requiere para resolver los problemas del diseño urbano. Sin embargo, también estoy convencido de que nuestras tres disciplinas están ya muy próximas entre sí, por lo que sería más fácil que primero nos pusiéramos de acuerdo entre nosotros para, después, debatir la participación y las relaciones de los otros especialistas que completarían el equipo.

El diseñador urbano debe, ante todo, creer en las ciudades, en su importancia, y en su relevancia para el progreso humano y para la cultura. Debemos pensar en clave urbana.

Últimamente se ha hablado mucho sobre los males de la ciudad, de su condición de caldo de cultivo para la criminalidad, la delincuencia juvenil, la prostitución, la enfermedad y, por supuesto, para la congestión de tráfico. Abandonar la ciudad para ir a vivir a las afueras se ha convertido en un objetivo: todo lo bueno y lo sano se ha vuelto suburbano. Para resolver los problemas de las ciudades, nuestros antecesores urbanistas les volvieron la espalda.

Me gustaría hacer un canto a favor de la ciudad. No podemos negar que existe una cultura americana que es a la vez cívica y urbana. El crecimiento de Nueva Inglaterra resulta inconcebible sin Boston como centro. Estados Unidos no sería el gran país que es hoy si Filadelfia, Chicago y San Francisco no se hubieran convertido en auténticas ciudades —centros de cultura y conocimiento, así como centros de negocios—. Junto con barriadas superpobladas y una especulación salvaje, también hemos heredado excelentes centros de conocimiento, museos, centros de salud y centros de ocio, que son resultado de una cultura urbana. La generación más joven de este país tiene una mentalidad menos suburbana que sus mayores (más parecida a la de sus abuelos que a la de sus padres), ya que se ha percatado de que la expansión incontrolada de nuestras ciudades solo agrava sus problemas, y de que la solución reside en dar una nueva forma a la ciudad en conjunto. No se trata de descentralizar, sino de recentralizar. Creo que se producirá una inversión de tendencia en los próximos años, a medida que crezca el interés por los problemas de la ciudad.

Si vamos a coordinar todos nuestros esfuerzos hacia estos problemas para hacer de la ciudad un lugar mejor para vivir, y si no queremos convertir la ciudad central simplemente en un lugar de negocios, comercio, o tráfico de vehículos, debemos encontrar en el hombre, en sus necesidades y aspiraciones espirituales, la medida y guía de nuestros diseños.

Recomendaría que todos los que nos preocupamos por los problemas del diseño urbano consideremos al hombre como el centro de esta problemática; ese respeto por todo lo humano tiene que ser considerado el factor guía (…) Pienso que hoy se produce una sobrevaloración de nombres propios y personalidades, y que, por el contrario, se han subestimado las posibilidades y las ventajas del trabajo en grupo. Acogeremos con gusto todas las obras destacadas de autor pero, sobre todo, deberíamos intentar elevar el nivel medio general. Las ciudades más bonitas son siempre aquellas que tienen una mejor armonía, una mayor unidad de escala y una más conseguida continuidad de espíritu. No es el monumento aislado lo armonioso y válido, sino el placer de contemplar destacados edificios en un conjunto apropiado.


Selección y revisión: Ángel Martín Ramos.
Traducción: Maria Badia i Ricard Gratacòs.

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