ALBERTO CAMPO BAEZA. La luz es el tema

Es difícil hablar sobre el espacio y la luz sin referirse a Alberto Campo Baeza. El conjunto de su obra escrita, proyectada y construida se constituye como una verdadera lección sobre el uso de la luz. Es por ello que me hace especial ilusión poder inaugurar con él esta nueva sección dedicada a la LUZ.

Alberto Campo Baeza nació en Valladolid donde su abuelo era arquitecto, pero desde los dos años vivió en Cádiz, donde vio la LUZ. Allí, su padre, que ha cumplido ya 100 años, era cirujano. De él, ha heredado el espíritu de ANÁLISIS, y de su madre, la clara decisión de ser ARQUITECTO.

Vive en Madrid desde que fue a estudiar Arquitectura. Tuvo como primer maestro a Alejandro de la Sota que le inculcó la arquitectura ESENCIAL que sigue intentando poner en pie. También tuvo como profesores a Julio Cano Lasso que, muy generoso, le ofreció colaborar con él en algunas obras. Y a Aburto, Moneo y Cabrero. Con Javier Carvajal hizo la Tesis Doctoral y entró como PROFESOR en la Escuela de Arquitectura de Madrid, la ETSAM, donde es el CATEDRÁTICO más antiguo de su departamento.

Ha dado clases en la ETH de Zúrich y la EPFL de Lausanne o la University of Pennsylvania, PENN de Philadelphia. Y en Dublín, Nápoles, Virginia y Copenhague. Y en la BAUHAUS de Weimar y en la KANSAS State University. Y pasó un año como investigador en la COLUMBIA University de Nueva York. Ha dado muchas conferencias por todo el mundo y le han dado muchos premios. El que más ilusión le ha hecho, el TORROJA por Caja Granada. Y los más recientes son los de la Bienal de Buenos Aires de octubre de 2009 por su guardería para Benetton en Venecia y por el Museo de la Memoria de Andalucía en Granada.

Sus obras han tenido un amplio reconocimiento. Desde la Casa Turégano o la Casa De Blas, ambas en Madrid, hasta la Casa Gaspar, la Casa Asencio y la Casa Guerrero en Cádiz. O el Centro BIT en Inca-Mallorca o la Caja de Granada y el MA, Museo de la Memoria de Andalucía, ambas en Granada. Y el espacio Entre Catedrales en Cádiz y las casas Moliner en Zaragoza y Rufo en Toledo. Fuera de España, ha construido la Casa Olnick Spanu en Nueva York y una guardería para Benetton en Venecia. Y está a punto de empezar un edificio de oficinas en Samara, Rusia.

Además, se han publicado más de 10 ediciones de su libro “LA IDEA CONSTRUÍDA” con sus textos en varios idiomas. Acaba de aparecer una segunda colección de sus textos “PENSAR CON LAS MANOS”. Cree en la Arquitectura como IDEA CONSTRUIDA y que los componentes principales de la arquitectura son: la GRAVEDAD que construye el ESPACIO, y la LUZ que construye el TIEMPO.

Expuso su obra en el CROWN HALL de Mies en el IIT de Chicago, en el Urban Center de Nueva York, en la Basílica de PALLADIO en Vicenza y en la Basílica de Santa Irene en Estambul. Y en 2009, en la prestigiosa Galería MA de Tokio. Está en preparación para 2010 una en el MAXXI de Roma.

No tiene coche, ni televisión, ni reloj, ni teléfono móvil. En su biblioteca hay más libros de POESÍA que de arquitectura, en su estudio no hay más que 3 personas, estupendas. Y confiesa que es FELIZ.



La LUZ construye el TIEMPO.

Cuando un arquitecto descubre que la luz es el tema central de la arquitectura, es cuando empieza a ser un verdadero arquitecto. Cada día que pasa estoy más convencido de esto que escribí y publiqué hace ya tantos años. Y aquel “light is more” que quería emular al “less is more” de Mies Van der Rohe me atrevo hoy a cambiarlo por este “light is much more”.

La luz es el material más hermoso, el más rico y el más lujoso utilizado por los arquitectos. El único problema es que se nos da gratuitamente, que está al alcance de todos y que entonces no se valora suficientemente.

Los arquitectos antiguos usaban los mármoles y los bronces, y los arquitectos más modernos usan el acero, los plásticos especiales y los vidrios. Todos intentando hacer arquitecturas capaces de permanecer en la memoria de los hombres, de permanecer en el tiempo. Y sólo los arquitectos que han merecido la pena, los maestros, han entendido que la luz, precisamente la luz, es el principal material con el que la arquitectura es capaz de vencer al tiempo. Así lo entendieron tanto Adriano cuando construyó el Panteón como Antemio de Tralles o Isidoro de Mileto cuando levantaron Santa Sofía, o Mies Van der Rohe cuando puso en pie la Farnsworth House.

Y para hacer presente la luz, para hacerla sólida, es necesaria la sombra. La adecuada combinación de luz y sombra suele despertar en la arquitectura la capacidad de conmovernos en lo más profundo, suele arrancarnos las lágrimas y convocar a la belleza y al silencio.

Cuando a lo largo de estos últimos años muchos de mis alumnos han visitado el Panteón de Roma, puntualmente me han escrito una postal diciéndome: “he llorado”. Los que no “han llorado” no me han escrito. Así lo hablamos en clase y ellos cumplen el pacto.

Cuando los empleados de la Caja de Granada entraron a trabajar por primera vez en mi edificio en Granada, algunos se conmovieron profundamente y se les saltaron las lágrimas. No dejo de ir a verles cada vez que vuelvo allí.

Y cuando la Reina de España entró en el edificio con motivo de la entrega de unos premios, tuvo la generosidad de deshacerse en elogios sobre la hermosura de la luz que allí había. Y la prensa lo recogió puntualmente. Entendió perfectamente que la luz es el tema central de cualquier arquitectura.

Muchas veces he comparado en mis clases la luz con la sal. Cuando la luz se dosifica con precisión, como la sal, la arquitectura alcanza su mejor punto. Más luz de la cuenta deshace, disuelve la tensión de la arquitectura. Y menos, la deja sosa, muda. Al igual que la falta de sal, en la cocina deja a los alimentos insípidos y el exceso de sal los arruina. En general, no es fácil para los arquitectos el uso justo de la sal de la arquitectura, de la luz.

Y si la cantidad de luz empleada es importante, no lo es menos la calidad. Así nos lo ha enseñado siempre la historia.

Cuando la arquitectura levantada con muros excavaba sus huecos para permitir la entrada a la luz, los arquitectos sabían como dominar aquella luz sólida que perforaba las sombras.

Cuando la arquitectura con el acero y el vidrio cambia el concepto de dominio de la luz sólida por el de transparencia, se produce una profunda revolución. Y los arquitectos deben aprender entonces a velar esa luz que todo lo inunda.

En el Panteón de Roma, la sabiduría del arquitecto le lleva a enmarcar la máxima cantidad luz con la máxima cantidad de sombra. Y así el óculo luminoso se cerca con la más profunda sombra que hace más luminosa aun si cabe aquella luz divina venida de lo alto.

En Santa Sofía de Estambul, los brillantes arquitectos abren una corona de altas ventanas por donde no sólo entra la luz directa, arrojada, sino también la indirecta, reflejada en sus profundas jambas blancas de una manera tal que parece un milagro el ver cruzarse los rayos de luz en el aire.

En la Farnsworth House, el arquitecto, con la misma sabiduría que sus antecesores, pero que ya sabe del acero y del vidrio, decide proponernos la transparencia absoluta. Y allí la luz suspendida en el aire nos evoca “el soplo del aire suave” con el que el profeta describe la presencia de la divinidad.

Se podrían escribir miles de libros sobre la luz. Pero yo no quiero más que, una vez más, reivindicar este valor de la luz como material primero y principal con el que trabajamos los arquitectos. Y que se nos concede gratuitamente cada día. Para permanecer en la memoria y en el corazón de la gente. Para hacerles felices con la arquitectura.


¿Por qué la luz es tan importante para la arquitectura?

Es el MATERIAL con el que se construye la arquitectura. La arquitectura es más que sólo la Función o la Construcción o la Belleza.

Es el MATERIAL más lujoso, VALE MUCHO.

Es el MATERIAL más económico, NO CUESTA NADA, se nos da gratuitamente.

La LUZ es la clave de la arquitectura.

¿Cómo y cuándo se dio usted cuenta de que la luz es el tema central de la arquitectura?

Cuando, todavía de niño, entré por primera vez en la Catedral de Cádiz, mi ciudad. Allí, en el interior de ese espacio fascinante, me quedé asombrado y descubrí que el secreto era la LUZ. El mismo SOL ante el que los niños nos sentábamos al atardecer para ver cómo se lo tragaba el mar tras una borrachera de LUZ dorada, era el mismo SOL que a  mediodía, desde lo alto, entraba por las altas ventanas de la Catedral y lo empapaba todo de blanco. Siempre digo que “vi la LUZ en Cádiz”, y es verdad.

¿Cómo trabaja con la luz cuándo se enfrenta a un nuevo proyecto?

Comienzo, como para cocinar, poniendo todos los ingredientes ordenados encima de la mesa: la Función, el Lugar, las Medidas, los Materiales, y la LUZ. Y busco obstinadamente una IDEA capaz de responder adecuadamente a todo ello. Una IDEA capaz de llevarnos a la BELLEZA. A una BELLEZA que sea, como proponía Platón, esplendor de la VERDAD. Sigo pensando que la UTILITAS, la FIRMITAS y la VENUSTAS vitruvianas siguen siendo válidas. Tan válidas y tan universales en el espacio y en el tiempo como el hombre para el que hacemos la arquitectura. Buscar y encontrar la IDEA es como una operación de DESTILACIÓN de todos aquellos ingredientes.

Siempre pensando en la luz, ¿con cuál de sus obras se siente usted especialmente satisfecho? ¿Por qué?

Cuando resumí todo lo que intentaba hacer en la Caja de Granada con el lema con el que gané aquel concurso entre más de 2000 arquitectos en 1992, IMPLUVIUM DE LUZ, no pensaba en que la realidad iba a ser tan poderosa y tan ajustada a esa propuesta. La realidad espacial de la obra construida fue para mí un regalo inmerecido. La LUZ en la Caja de Granada es como un regalo que cada día, cada segundo, es capaz de conmovernos, de hacernos como tocar el TIEMPO. Allí parece que el TIEMPO se suspendiera. Como es capaz de hacerlo la POESÍA, o la MÚSICA. Allí se hace realidad aquello de que la GRAVEDAD CONSTRUYE EL ESPACIO y LA LUZ CONSTRUYE EL TIEMPO.

El último proyecto que tengo sobre la mesa es un ejercicio puro de LUZ. Es un Concurso para el Aeropuerto de Milán que estoy haciendo con Paulo H. Durao, un joven arquitecto portugués que está ahora de Visiting Profesor en la ETSAM conmigo. Es una caja de 30×60 m en planta y 45m de altura, con una estructura de cartílagos blanca de 3m de ancho y con una doble piel de vidrio traslúcido por fuera y por dentro. Con perforaciones fuera y dentro de tal manera que el interior será como una nube atravesada por la luz sólida del sol a través de esa doble perforación. Todo muy sencillo, muy eficaz y, espero, muy hermoso. Un ejercicio de LUZ puro y duro.

Es evidente su interés por la luz en sus obras, pero también en sus escritos…

He escrito tanto sobre la LUZ porque creo, de verdad, que la LUZ es el tema central de la arquitectura. En LA IDEA CONSTRUÍDA ( COAM. Madrid 1996,1998. Nobuko-U.Palermo-Asppan. Buenos Aires 1999, 2000, 2004, 2006, 2009) y en PENSAR CON LAS MANOS ( Nobuko-U.Palermo 2009), que son libros en los que se recogen gran parte de los textos que he publicado en los últimos años, la palabra LUZ es la más repetida. Por activa y por pasiva.

En mi último artículo publicado (El Aire se serena y viste de hermosura y LUZ no usadas) hago una comparación entre los instrumentos musicales y las obras de Arquitectura. Los primeros, atravesados por el aire, producen la Música. Los segundos, atravesados por la LUZ, producen la Arquitectura. Si la Música es AIRE, la Arquitectura es LUZ.

¿Nos puede decir un proyecto de un arquitecto, actualmente en activo, que le parezca especialmente sugerente por su modo de trabajar con la luz?

La Iglesia de Santamaría de Canaveses de Alvaro Siza Vieira. Alvaro Siza es quizás el más riguroso y a la vez el más poético maestro vivo de la Arquitectura contemporánea. Esta obra, y toda la obra de Siza, es un canto a la LUZ. Como si de un Bach de la Arquitectura se tratara. Le tengo una profunda admiración.

Muchas gracias, Sr. Campo Baeza, por el tiempo que nos ha dedicado.

En el siguiente número entrevistaremos a la arquitecta Elisa Valero Ramos, profesora titular de proyectos arquitectónicos en la E.T.S.A. de Granada desde el curso 2000-2001. Ha escrito varios libros sobre la luz, como LA MATERIA INTANGIBLE (Reflexiones sobre la luz en el proyecto de arquitectura) y el DICCIONARIO DE LA LUZ. El diálogo entre la Luz y la Sombra se convierte en el verdadero constructor del espacio en todos sus proyectos.



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