El autor y el intérprete

Os presentamos el escrito con el que Juan Calatrava prologa el libro de Daniel Merro “El autor y el intérprete. Le Corbusier y Amancio Williams en la Casa Curutchet”. Se trata de la publicación del trabajo de investigación que Daniel Merro desarrolló como tesis doctoral y que nos relata el proceso de proyecto y construcción de la Casa Curutchet a través de la relación establecida entre Le Corbusier (el autor ) y Amancio Williams (el intérprete).


Prólogo a “El autor y el intérprete. Le Corbusier y Amancio Williams en la Casa Curutchet”.

Por Juan Calatrava


La casa Curutchet es un tema que, a priori, podría parecer ya agotado después de la excelente monografía que a la misma obra de Le Corbusier había dedicado en 1997 Alejandro Lapunzina. Pero Le Corbusier siempre reserva sorpresas al investigador. Su obra (en sentido amplio: sus proyectos, sus ideas, sus realizaciones, pero también la compleja gestación o la andadura posterior de las mismas) es una mina cuyas señales de agotamiento son siempre engañosas y que permite al buen prospector, como Daniel Merro Johnston, desvelar una y otra vez nuevos filones que se (re)descubren a menudo cuando se visitan viejas galerías abandonadas.

Nada hay definitivamente cerrado en el estudio de Le Corbusier. Lo demostró hace poco, por ejemplo, Pep Quetglas con su monumental revisión de la villa Savoie, y Daniel Merro, consciente de ello, decidió interrogar a la casa Curutchet con un renovado cuestionario. En éste, una de las primeras preguntas era la que atañe al cliente. Los comitentes son, con demasiada frecuencia, los grandes olvidados en una historia de la arquitectura que no debería prescindir de ellos en pura coherencia con el hecho de que rara vez el arquitecto puede prescindir del cliente. En el caso de Le Corbusier, ello ha quedado de manifiesto en numerosos estudios sobre su obra, o en el número monográfico pionero que la revista Rassegna dedicara hace años precisamente al tema de “I clienti di Le Corbusier”. Al analizar el programa doble, de vivienda y consultorio médico, Daniel Merro nos da a conocer la compleja personalidad del Dr. Pedro Curutchet y la riqueza de su diálogo con Le Corbusier y con Amancio Williams, marcado por una complicidad inicial seguida de fuertes tensiones que inciden de modo decisivo en la marcha del proyecto.

Pero la gran pregunta que se hace Daniel Merro es la que tiene que ver con la mediación, con la cuestión hermenéutica de la relación entre el autor y el intérprete (esto es, sobre todo –aunque no exclusivamente- entre Le Corbusier y Amancio Williams).

En efecto, pertrechado por un sólido bagaje filosófico en el que destaca la fuerte presencia de un Paul Ricoeur muy bien leído y trasladado (cosa nada fácil: otra vez el autor y el intérprete) al terreno arquitectónico, Daniel Merro no sólo nos ofrece un puntual seguimiento del proceso de encargo y proyectación de la casa y un riguroso análisis cronológico y comparativo de las múltiples opciones arquitectónicas consideradas en cada momento, sino que pone en valor la importancia trascendental que asume la tarea de “interpretación” a cargo de Amancio Williams.

El autor nos invita, en el capítulo 2 de su obra, a una reconstrucción de la génesis del proyecto de Le Corbusier que privilegia acertadamente la andadura proyectual por encima de la obra “terminada”. Nos aporta nuevos conocimientos y reflexiones obtenidos mediante el sencillo (?) procedimiento de ubicar la casa Curutchet en el iter proyectual del arquitecto, trayendo a escena esa peculiaridad de Le Corbusier de no dar nunca un tema por cerrado y re-visitarse a sí mismo una y otra vez. La descripción del proyecto, sostenida por un exhaustivo análisis de la documentación escrita y gráfica nos permite un doble paseo virtual por la casa: en el espacio (verdadera promenade architecturale) y en los diversos tiempos del proyecto que se superponen como estratos sobre estos espacios.

Pero es evidente que el análisis de esta muestra casi única de todos los sucesivos proyectos de Le Corbusier en Sudamérica no podía  prescindir de una descripción de las condiciones en que tiene lugar el encargo: el complejo panorama de la modernidad en Argentina, las particularidades de la presencia de Le Corbusier en el país o la propia historia urbana de La Plata. En este sentido, la presencia (personal o a distancia) del maestro franco-suizo en Argentina es inseparable de un estado de la cuestión del debate sobre las “modernidades” arquitectónicas.

En ese contexto, por encima de todo, descolla la figura de Amancio Williams, debido a la afortunada circunstancia de haberse convertido en el “intérprete” del proyecto corbusieriano para el Dr. Curutchet. Daniel Merro Johnston desgrana con acierto todos los modos y momentos de esta labor de “interpretación”, núcleo central del libro que presentamos. Y no es el menor de los méritos de su libro el abordar un cierto ajuste de cuentas con el mito de Amancio Williams, rescatándolo para la historia de la arquitectura y sustrayéndolo al limbo de la adoración acrítica. Daniel Merro resume, de un modo tan sucinto como útil, la trayectoria de Amancio Williams como paso previo para llegar a una definición precisa de su papel como intérprete: una “interpretación” que no es servil, ni se plantea en los meros términos de una dirección de obra, sino, como defiende el autor, posee un carácter creativo asimilable al de la interpretación musical.

Seguramente quedará decepcionado quien busque en estas páginas una respuesta simple a la pregunta no menos simple sobre la “verdadera” autoría de la casa Curutchet. Creo que al acabar la lectura del libro de Merro Johnston se nos reafirma lo que ya intuíamos desde el principio: que este estudio no versa sólo sobre una obra americana de Le Corbusier, ni sólo sobre la participación en ella de Williams, sino que constituye, de manera más general, un lúcido análisis sobre las condiciones de ideación y materialización del proyecto y sobre la creciente complejidad de la profesión de arquitecto (resultan especialmente sutiles, en este sentido, las páginas dedicadas a la comparación entre los dos estudios de arquitectura, el del 35 rue de Sèvres en París y el del 1248 de Carlos Pellegrini de Buenos Aires).

Me gustaría añadir una última consideración sobre otro de los méritos de este libro. Esta casa tiene una historia ulterior: la de su ocupación por la familia Curutchet, sus usos posteriores, las restauraciones… Ello nos evoca la candente cuestión de la arquitectura contemporánea entendida desde su dimensión patrimonial, y trabajos como éste, al reconstruir las vicisitudes de un edificio en toda su complejidad, pueden aportar una inestimable contribución a la urgente tarea de definición de criterios patrimoniales específicos.

Como colofón de lo dicho, quisiera terminar estas líneas congratulándome de que este libro se encuentre ya al alcance de los lectores felicitando a quienes en su momento dirigieron la Tesis, que le dio origen, Carmen Espegel y Pepe Morales  y a la editorial 1:100, que presta así un gran servicio al conocimiento de la obra de Le Corbusier y, en general, de la arquitectura contemporánea.

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